lunes, 8 de octubre de 2012

Videos bizarros

Cada tanto me pongo a ver videos bizarros en Youtube: desde peleas callejeras a choques, patadas en el fútbol, "fantasmas", etc. Seguro todos lo hacemos. Hoy se me dio por estos de gente que come animales... vivos.









Ok, pero lo mejor fue este comentario! WTF???



miércoles, 3 de octubre de 2012

Wish you were here

Hoy mi viejo hubiera cumplido 63 años. No es un número redondo, no es un número para un título de una nota en un diario. Justamente por eso creo que me quedó tan marcado este año. Es un número común, de una persona. Un hombre de 63 años. Obviamente intenté imaginarme una vez más cómo sería él a esta edad. Me lo imagino con canas, intento agregarle algunas arrugas. Pero me cuesta.

Pese a que murió cuando yo era chico, aún a veces urgando un poco puedo escuchar los ecos de su risa. Era una risa sincera, natural, espontánea. La mayoría de mis recuerdos tienen que ver con eso, con la forma de ver el mundo que uno tiene cuando es chico. Pero hoy hay un montón de cosas, a nivel de la personalidad, en las que hoy me identifico con él, que en su momento pasé por alto y ahora entiendo.

A tus viejos los entendés de grande.

Sólo pudo estar al lado mío hasta mis 11 años, pero fue suficiente para dejarme mucho. Y eso que me dejó, y que es difícil explicar, muchas veces cuando todo tambaleaba alrededor y parecía que iba a hundirme, era donde podía hacer pie. Son como pilares que me mantuvieron a salvo en más de una tormenta.

Las personas no mueren si su recuerdo está en nosotros. La muerte es el olvido. Por eso están vivos cuando nos damos cuenta de que nos identificamos en muchas de sus cosas, buenas y a veces no tan buenas. Y no hay día en que a mi viejo no lo sienta conmigo,  porque está vivo en mí, porque soy parte de él. Aunque muchas veces me diga "ojalá estuvieras acá, quisiera darte un abrazo".



viernes, 29 de junio de 2012

Revival Pill (y van...)



Nuevamente, como tantas otras veces he anunciado, intentaré volver a retomar mi blog. Mi psicólogo dice que debería escribir. Así que voy a retomar el blog como una forma sencilla y barata de hacerlo. Voy además a intentar dejar todo lo que sea político para el otro blog y enfocarme en este en cuestiones mucho más personales, pequeñas e idiotas.

Una de las cuestiones de las cuales últimamente me di cuenta es que me da pudor contar que voy al psicólogo. No sé, están esos que piensan que debes tener algo realmente cagado en la cabeza para pagar lo que sea que pagues (por lo general, lo bueno no es barato y en este caso aplica mucho) a un tipo para que te cure el marulo. Básicamente.

Después están los otros, los que creen que si uno tiene un problema debería contárselo a un amigo, con una cerveza de por medio, y que allí reside toda la sabiduría que uno necesita como para seguir con su vida. Y si este combo viene acompañado de una noche en un cabarulo, mejor.

Pero el tema es que, primero, uno va a psicólogo justamente porque no tiene el cerebro tan cagado como para terminar en un loquero. Al menos en principio. Después, que por lo general los amigos pueden tener buenas intenciones, pero no siempre saben darte la respuesta que estás buscando.

Es que uno va al psicólogo por eso, porque busca respuestas. Respuestas que traerán más preguntas, y nuevas respuestas. Y al menos en el fondo me queda el alivio de saber que hay un tipo al que puedo enfermarle la cabeza una vez por semana porque está para eso.

Sin embargo, por algún motivo que desconozco, hasta siento que le caigo bien. Tanto que suele darme las respuestas. El problema es que no siempre son las que quisiera escuchar. Pero como dice el catalán, "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio".