
Hace pocos días fui a la estación Once a cambiar monedas en una de las cajas del Banco Nación que el Gobierno puso ahí, además de Retiro y Constitución, para "paliar" el escollo este molesto de las monedas, una avivada de los empresarios y algo que sería sinceramente incomprensible en un país un poco más serio.
Apenas llegué, vi que la fila llegaba hasta el final del andén de trenes. Para conseguir el cambio había que hacer una cola de dos horas, para llegar a que una de las dos cajeras te de 20 pesos en monedas. La situación no creo que sea un diferente en los otros dos lugares.
Hace un mes la excelentísima presidenta Cristina Kirchner anunció el lanzamiento del sistema de boleto electrónico para los transportes metropolitanos, lo interesante es que el financiamiento de las máquinas (o sea, quién las paga) lo hace el Estado. Cada una vale 4.000 dólares.

O sea, las empresas de transporte, que consiguieron dos aumentos de boleto en menos de dos años, durante el "período de cambio" en el precio cobraron lo que quisieron, nos dejaron sin monedas, nos generaron esta molestia tan gratuita de perder dos horas para conseguir 20 pesos en cambio (que te dura como mucho una semana) y el Gobierno en vez de multarlas por todas las chantadas que hacen... ¡las recompensa pagándole el cambio de máquinas!
Después se preguntan por qué hay tanta violencia en la sociedad: son este tipo de cosas las que generan violencia, por eso cada tanto algún grupo de "loquitos" quema un tren, no por el retraso solamente, sino por la constante manoseada a la que se ven sometidos sin nadie que haga algo.