
Una imagen particularmente significativa de la relación fundamental entre el hombre y la libertad la ofrece el mito bíblico de la expulsión del hombre del paraíso. El mito identifica el comienzo de la historia humana como un acto de elección, pero acentúa singularmente el carácter pecaminoso de ese primer acto libre y el sufrimiento que éste origina.
Hombre y mujer viven en el Jardín edénico en completa armonía entre sí y con la naturaleza. Hay paz y no existe la necesidad de trabajar: tampoco de elegir alternativas; no hay libertad, ni tampoco pensamiento. Le está prohibido al hombre comer del árbol de la ciencia del bien y del mal: pero obra contra la orden divina, rompe y supera el estado de armonía con la naturaleza de la que forma parte sin trascenderla.
Desde el punto de vista de la Iglesia, que representa a la autoridad, este hecho constituye fundamentalmente un pecado. Pero desde el punto de vista del hombre se trata del comienzo de la libertad humana. Obrar contra las órdenes de Dios significa libertarse de la coerción, emerger e la existencia inconsciente de la vida prehumana para elevarse hacia el nivel humano.
Obrar contra el mandamiento de la autoridad, cometer un pecado, es, en su aspecto positivo humano, el primer acto de libertad, es decir, el primer acto humano. Según el mito, el pecado en su aspecto formal, está representado por un acto contrario al mandamiento divino, y en su aspecto material por haber comido del árbol de la ciencia. El acto de desobediencia, como acto de libertad, es el comienzo de la razón.
El mito se refiere a otras consecuencias del primer acto de libertad. Se rompe la armonía entre el hombre y la mujer, entre la naturaleza y el hombre. Éste se ha separado de la naturaleza, ha dado el primer paso hacia su humanización al transformarse en individuo. Ha realizado el primer acto de libertad.
El mito subraya el sufrimiento que de ello resulta. Al trascender la naturaleza, al enajenarse de ella y de otro ser humano, el hombre se halla desnudo y avergonzado. Está solo y libre, y sin embargo, medroso e impotente. La libertad recién conquistada aparece como maldición; se ha libertado de los dulces lazos del Paraíso, pero no es libre para gobernarse a sí mismo, para realizar su individualidad.
1 Toman mate y dicen...:
Protágoras al caer en cuenta que las narraciones sagradas eran una mitología producto de la fantasía humana, a fin de explicar los portentos que se dan en el hombre, la naturaleza y el cosmos. Concluyó que «el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, y de las que no son en cuanto que no son», relativismo que puso en duda la existencia de los dioses del Olimpo, aún el dios desconocido. Lucrecio en su obra: La naturaleza de las cosas (Nature rarun), siguiendo a Epicuro luchó contra la superstición y la enajenación que promueve la religión organizada, para someter a los creyentes mediante la manipulación y el miedo al sufrimiento, la muerte y el castigo eterno. Y propuso la observación e investigación de los fenómenos que se dan en el hombre, la naturaleza y el cosmos, a fin de abrogar la creencia de que los dioses eran los causantes de las catástrofes y regidores del destino de los hombres. El Antiguo Testamento fue escrito por los redactores bíblicos para gobernar a su pueblo en nombre de Dios; pero como en toda obra hecha por el hombre dejaron impresos en los textos bíblicos, no solo sus rasgos psicológicos (racistas, criminales y genocidas seriales) sino también su ignorancia espiritual; convirtiendo el Antiguo en una letrina sagrada que contamina al cristianismo y convierte al judeo cristianismo en religión basura; potentísima incubadora de generaciones de estultos en gran escala. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD
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