miércoles 16 de febrero de 2011

¿Magnetto, en un capítulo de "Los Únicos"?

Me llamó la atención la similitud física del personaje del subcomisario Nicolás Pirro, en "Los Únicos", con la del CEO de Clarín Héctor Magnetto. Después de ver algunas veces el episodio, encontré otros dos detalles llamativos: el malo se toca el corazón cuando habla de "estar tranquilo" y en un momento el personaje de Nicolás Vázquez advierte sobre la peligrosidad de "los pingüinos". ¿Sólo casualidades? Supongamos que sí. Pero, ¿y si no fueran sólo casualidades?

Supongamos que desde la serie "Los Únicos" -de Pol-K, productora de Adrián Suar, gerente de programación de Canal 13 y donde además tiene acciones el Grupo Clarín- quisieron realizar una suerte de "publicidad subliminal" para dejar en el inconsciente de nuestro cerebro características del personaje que se "despertarán" por la similitud física de Pirro y el CEO de Clarín.


(Acá edité partes del capítulo para comprender el texto)

En ese canal ya lo hicieron, pero sin ocultarlo, con personajes de políticos en Showmatch, donde les construyeron una imagen televisiva que nada tiene que ver con la real. El mejor ejemplo de eso, probablemente, haya sido De Narváez y el irracional "alica-alicate". Y tampoco es algo que haya inventado Tinelli, viene al menos desde Mario Sapag imitando a Alfonsín.

¿Por qué realizar esto? ¿Por qué ese personaje? Se lo puede analizar desde varios aspectos:

1. El lado semiológico. La mayor parte de la opinión pública desconocía a Magnetto hasta que los Kirchner y los medios afines al Gobierno comenzaron a nombrarlo y a mostrarlo en informes para desnudar al monopolio mediático y su historial, que incluyó tratos con la dictadura.

Entendido semiológicamente, Magnetto -dado que por esa exposición deja la in-significancia y pasa a significar- sigue sin tener mayor "contenido", digamos, que el de las relaciones que se establecen por esas denuncias.

Desde la teoría del signo saussuriana, Magnetto es un signo denotativo: tiene significado (su imagen) y significante (imagen acústica) pero en su aspecto connotativo se revela más complejo. Ese aspecto del signo -el de las relaciones que establece con otros signos- se llena por las información que no llega de una relación directa (aunque en realidad sea mediada por la TV como en la mayoría de los casos), sino como en una relación triangular, desde el Gobierno y otros actores opositores.

Así, en su aspecto connotativo el signo Magnetto está asociado a monopolio, manipulación informativa, negocios poco éticos, golpismo, etc. etc. Pero todo estos nos llega no en forma directa, sino a través de un tercero.

Nunca lo vimos hablar, nunca lo vimos comer, nunca lo vimos caminar, no sabemos si es alto o bajo, no sabemos cómo se viste, cómo son sus mensajes no verbales. Sólo conocemos fotos, imágenes estáticas, lo que limita mucho la cantidad de información. Y la información "tercerizada" que tenemos es racional, o sea, pese a que a cualquier persona con cierta coherencia moral y ética le resultaría repulsiva, implica la posibilidad de estar de acuerdo o no, creerlo o no, atender argumentos y sacar conclusiones. Y creo que desde ese lado se revela mucho más débil y capaz de ser cambiada por otra, de tipo emotiva (por lo tanto irracional).

Ahí es donde entra el subcomisario Pirro tiene determinadas características: es un hombre nervioso, porque sabe que lo persiguen, maneja información secreta (sabe de "Los Únicos"), tiene moral (lo marcan como su punto débil) códigos y no es el comisario, sino el subcomisario. Como en el Grupo Clarín, donde la dueña es Ernestina Herrera de Noble, y él el CEO. Además, el personaje es débil: pequeño físicamente y fácil de agredir. También, como signo, mantiene una relación con los otros signos de la serie, donde lo muestran como la persona que es necesario proteger, porque tiene la información que ayudará a detener a los malos.

Justamente, el malo se toca el corazón al hablar de la tranquilidad que le trae saberse impune (¿la intranquilidad del mafioso se revela como un problema cardíaco?) y luego, los animales que morderán en Comodoro Rivadavia (el sur, para variar) al subcomisario son... ¡los pingüinos!

Tampoco es casual que el personaje de Pirro tenga un lado débil. Y ahí viene el otro aspecto.

2. El lado psicológico. En "El animal social", el psicólogo social Elliot Aronson señala entre las principales cualidades de atracción hacia una persona las "agradables o admirables, como lealtad, sensatez, honestidad, bondad". También destaca que "nuestro aprecio por las personas que nos hacen favores se extiende incluso a situaciones donde esos favores no son intencionales (...) queremos más a quienes contribuyen a nuestra victoria que a quienes no, aunque no tuvieran intención de hacernos un favor (...) En consecuencia, hacer un favor a alguien incrementará nuestro aprecio por esa persona, pero sólo si el esfuerzo realizado desemboca en un resultado feliz". En el capítulo, "Los Únicos" prometen un salvoconducto a Pirro con tal de que testimonie y permita salvar de la cárcel a Monterrey.

Pero, el aspecto más interesante es el de la debilidad de Pirro. En los experimentos, Allison encontró que "los participantes considerados más competentes y más inteligentes no suelen ser los más queridos" y afirma que "las personas demasiado capaces quizá hagan que nos sintamos incómodos" y que "la existencia de pruebas de falibilidad en una persona muy competente pueden hacerla más amable". Para graficarlo, Elliot menciona una anécdota sobre John F. Kennedy:

"Hace varios años caí sobre unos datos sorprendentes de una encuesta de Gallup: siendo John Kennedy presidente su popularidad personal creció inmediatamente después de su intento abortado de invadir Cuba en Bahía de Cochinos, en 1961. El dato era asombroso, porque la invasión fue un fracaso tan fenomenal que quedó etiquetado como 'el desastre de Bahía de Cochinos'. ¿Cómo explicarnos esto? Se trataba de un caso de verdadero desatino histórico cometido por un líder nacional (uno de los más grandes desatinos cometidos hasta entonces) y milagrosamente el pueblo resultó quererle más. ¿Por qué? Una posibilidad es que John Kennedy quizá fuese 'demasiado perfecto'.

En 1961 John Kennedy se encontraba en la cúspide en cuanto a popularidad persona. Era una personalidad de proporciones casi novelescas. De hecho, se llamaba a su régimen "Camelot". Kennedy era joven, guapo, brillante, ingenioso, encantador y atlético; era un lector voraz, un maestro en estrategia política, un héroe de guerra y alguien capaz de soportar estoicamente el dolor físico; tenía una hermosa mujer (que hablaba varias lenguas extranjeras), dos chicos encantadores (un niño y una niña) y una familia unida y talentosa. Alguna evidencia de falibilidad (como el ser el responsable de una torpeza mayor) pudo servir para hacerlo más humano ante los ojos del público y, por tanto, más atractivo".

¿Y cuál es la gran debilidad de Pirro-Magnetto? ¡La inseguridad! Tiene miedo de salir a la calle, y lo atrapa un grupo de delincuentes. El principal problema que preocupa a los argentinos, según las encuestas de las consultoras.

3. El manejo de la Opinión Pública. Como decía en el primer punto, la opinión que hoy podemos formarnos sobre Magnetto requiere una cuestión de racionalidad. Es opinión. Como dice Giovanni Sartori en "Homo Videns" la opinión "es doxa, no epistéme. Las opiniones son convicciones frágiles y variables. Si se convierten en convicciones profundas y fuertemente enraizadas, entonces debemos llamarlas creencias (y el problema cambia)".

O sea, en el ambiente periodístico ya se conocían hace rato las tropelías de Clarín y su CEO. Por eso es difícil que en ese ámbito cambien la opinión que hay sobre Magnetto y, a partir de la pelea con el Gobierno y el surgimiento de medios oficialistas, los periodistas hagan fila para pegarle al multimedio. De golpe, empezó a estar en la tele Pablo Llonto, se reeditó su libro "La Noble Ernestina", que hasta hace cuatro años era casi imposible conseguir (en la biblioteca de la Universidad de las Madres como última opción me habían ofrecido un juego de fotocopias). Pero como en la mayor parte de la opinión pública este hombre pasó a hacerse conocido, con imagen e historia, recientemente, digamos que esa opinión fundamentada en la racionalidad es volátil.

Ahí es donde se apela a lo emocional e irracional. A la empatía con el personaje. A principios del siglo XX, Coca Cola cambió el paradigma de la publicidad. Hasta ese momento, todas sus estrategias se basan en las supuestas bondades del producto como "tónico cerebral y bueno contra los dolores de cabeza". Como sostiene Joan Ferrés en "Publicidad subliminal", el problema de los argumentos es que en la mente de los consumidores potenciales se pueden crear contraargumentos.

Así pasó a aplicar la emotividad (irracional) al producto: ahora "Coca Cola es así", "te da sonrisas", "es sentir de verdad". Y en este cambio de estrategia "se vendían sensaciones, no argumentos". Tampoco es casual que se haya elegido una ficción.

Ferrés detalla: Robert Woodruff, nuevo presidente de Coca Cola desde 1923, se pronunciaba a favor de que la compañía se promocionase sólo en programas sanos y optimistas. Rechazaba los informativos por considerarlos excesivamente negativos. El sagaz comerciante había comprendido los mecanismos del pensamiento asociativo.

No hay un reportaje donde Magnetto da sus explicaciones (racionales) en un programa periodístico, sino que se construye un personaje de ficción y se lo carga de aspectos emotivos, subliminales. Así, a través de lo afectivo, se trabaja en la actitud. Como se hizo en Showmatch con otros personajes de la política que, en la realidad, difícilmente nos caerían simpáticos.

Las tres diferencias entre actitud y opinión según Childs son:

1. A las opiniones se las ha considerado habitualmente como observables respuestas verbales ante un asunto o cuestión, mientras que una actitud es una predisposición secreta o tendencia psicológica.

2. Aunque ambas, actitud y opinión, implican aprobación o desacuerdo, el término actitud se dirige más hacia lo afectivo (es decir gustos o fobias) y la opinión más intensamente hacia el conocimiento (por ejemplo, una decisión consciente de apoyar y oponerse a alguna política, político o grupo político).

3. Y tal vez más importante, una actitud se conceptualiza tradicionalmente como una orientación global, perdurable, hacia una clase general de estímulos, mientras que una opinión se considera más situacionalmente, perteneciendo a un asunto concreto en un entorno conductista específico.

Luego, Ferrés agrega:

La opinión se considera como un juicio conciente, generalmente visto como más "racional" y menos afectivo en su construcción que una actitud. Uno decide una opinión, mientras que una actitud no se entiende generalmente como formada concientemente o decidida casi de la misma forma. Por el contrario, una actitud se siente como un impulso afectivo, una inclinación a responder positiva o negativamente a algo. Las opiniones son juicios y las actitudes son puro "agrado o desagrado" que alimenta esos juicios.

Así se construye desde lo semiológico y lo psicológico una imagen a la opinión pública, manipulando su lado emotivo e irracional, aprovechando la importancia que significa la imagen televisiva (no me voy a poner a escribir sobre eso, primero porque ya es obvio y segundo porque me extendería aún más) en un intento por influir subliminalmente a millones de personas que, desde otro lado, difícilmente sentirían aprecio o al menos empatía por Magnetto.
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